Conoce el síndrome de The Walking Dead

El fenómeno zombi aparece en la cultura popular de muchas maneras, desde las historias de ficción hasta los casos reales de rituales vudú. 


Incluso la psicología se las ha tenido que ver con ellos, al tener que hacer frente a una rara enfermedad mental. 

El síndrome de Cotard o síndrome del walking dead, es una de las enfermedades menos frecuentes que se conocen. 


En la mayor parte de los casos, los afectados creen que les falta una parte de cuerpo, un brazo, una pierna, la nariz… o directamente niegan su existencia.
 

Pero los casos más graves sufren delirios de negación que les hacen creer que realmente están muertos, que su cuerpo ya no funciona y son sólo unos muertos andantes o que directamente no existen y lo que ven a su alrededor es producto de una ilusión. 


Sienten que sus órganos internos, corazón, intestinos, se han parado definitivamente. 

Incluso pueden sentir que se están pudriendo por dentro, llegando a oler su propia carne en putrefacción y sentir los gusanos deslizándose bajo su piel. 


A veces los pacientes están tan convencidos de que ya están muertos que piensan que son inmunes y que nada les puede hacer daño ni sentir dolor, como si fuesen almas en pena. 


En estos casos pueden llegar a autolesionarse y poner en riesgo su integridad.
El primer caso con síntomas similares fue documentado por Charles Bonnet, un biólogo suizo, en 1788. 




Se trataba de una anciana que había sufrido un ataque de parálisis, cuando pudo recuperar el habla, le dijo a su familia que ya estaba muerta, y pidió que le hiciesen un velatorio. 


Ante su insistencia, los familiares tuvieron que acceder y meterla en un ataúd, aunque finalmente su delirio desapareció con el paso de los días. 


Pero fue el neurólogo francés Jules Cotard el que descubrió este síndrome y le dio nombre. 


En 1880 presentó en un congreso de París el caso de una mujer, a la que llamó “Mademoiselle X”, que afirmaba no tener cerebro, nervios, estómago ni intestino. 



Ella creía que era eterna, que viviría para siempre, y como no tenía tripas, no sentía la necesidad de comer, los médicos no supieron cómo tratarla, y acabó muriendo de hambre. 

El síndrome de Cotard suele estar relacionado con muchas causas como depresiones graves, psicosis o esquizofrenia. 


Se asocia también con el síndrome de Capgrás, que afecta a nuestra capacidad para identificar a la gente, creyendo que se trata de dobles o impostores. 


Y también se puede dar como consecuencia de lesiones que hayan afectado a ciertas partes del cerebro como el lóbulo parietal. 



En todo caso se relaciona con las secciones de la mente que controlan el reconocimiento de los rostros y de nuestro entorno, y las emociones que nos producen.

Los pacientes creen que ya no están en el mundo de los vivos porque no son capaces de asociar recuerdos ni sentimientos a su entorno. 


Por desgracia aún no se ha descubierto ningún tratamiento eficaz. 



Los médicos suelen administrar medicamentos antidepresivos y tratamientos de choque electroconvulsivos. 

Otro de los efectos que produce es el aislamiento absoluto del entorno y las relaciones humanas, que los psicólogos intentan paliar con sesiones de terapia para que los pacientes puedan recuperar su vida personal y social. 


Actualmente se siguen dando casos de síndrome de Cotard por todo el mundo.
 

En 1996 en Escocia, un hombre sufrió un accidente de moto que le produjo lesiones en la cabeza, tras recibir el alta, su madre se trasladó a vivir con él a Sudáfrica. 

El hombre estaba convencido de que había muerto durante su hospitalización, y que el espíritu de su madre le había guiado hasta el infierno, porque sólo allí podía hacer tanto calor. 


En 2003 unos psiquiatras griegos trataron a un paciente que creía que su cabeza estaba vacía. 


Afirmaba que había nacido sin cerebro y que por eso tenía trastorno del desarrollo intelectual. 


Intentó quitarse la vida varias veces porque decía que no merecía la pena vivir en su estado. 



En Colombia se registró hace unos años el caso de una mujer, que tenía un largo historial de depresión, un día vio humo salir de su boca, y lo asoció con su alma escapando de su cuerpo. 

Se miraba en el espejo y veía que sus ojos no tenían vida, sentía el olor de su cuerpo descomponiéndose y el cosquilleo de los gusanos devorándole.
Creía que se había convertido en un zombi como castigo divino por haber intentado quitarse la vida. 


El síndrome de Cotard es una de las enfermedades más misteriosas que se conocen. 




Su origen se pierde en lo más profundo de nuestros pensamientos y convierte la vida de quien lo sufre en un auténtico infierno.
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